domingo, 21 de mayo de 2017

#LaÚltimaTarde: Cada uno es dueño de sus propias conclusiones

La premisa de dos ex que se encuentran después de tiempo siempre es interesante por las conversaciones que no tuvieron y por lo sentimientos atemporales que necesitan con urgencia un cierre. En el caso de La última tarde de Joel Calero, una pareja de ex izquierdistas radicales que se reencuentra después de 20 años para firmar el divorcio y, para matar el tiempo mientras esperan al juez, comienzan a ponerse al día de sus vidas y a revelar detalles sobre el motivo real detrás de su abrupta separación. 



Según lo que nos revela la película, ambos formaron parte de una organización subversiva, armaron bombas caceras y armas, pero hay una ambigüedad sobre si las usaron o no. Entonces, ¿Podemos considerarlos terroristas? ¿Hubiera generado una diferente experiencia si es que el espectador sabría al cien por ciento que mataron a gente inocente o a militares? ¿Qué se supone que deberíamos sentir por estos dos? ¿La intención de "La última tarde" es lograr que los demás entendamos sus acciones para poder justificarlos y exonerarlos, intenta humanizarlos o solo presentarlos en su forma más sincera? Lo cierto es que "La última tarde" explora demasiados temas; los dilemas morales, las diferencias entre las clases sociales, el amor vs. el bienestar propio, el egoísmo, y quizás trata de explicar el por qué los integrantes de estas organizaciones se quedaron con esa ideología, sin embargo, no ofrece ninguna respuesta correcta, solo nos presenta ideas y cada uno es dueño de sus propias conclusiones. 



Las actuaciones de Lucho Cáceres y Katerina D'Onofrio junto a un dialogo inteligente y realista balancea muy bien cualquier intención de simplificación sobre los protagonistas, es decir, no podemos reducir a los dos a solo calificativo. Ramón es terco, es idealista, es violento, es parco y es sumiso por momentos, mientras que ella es sincera, es realista, es aventurera, es conformista y trata de ser optimista. Una contradicción hecha pareja. Desde un primer momento es difícil imaginarlos enamorados, o por lo menos, como una pareja feliz de jóvenes. Sin embargo, "La última tarde" nunca deja de ser una historia de amor contaminado por factores externos e internos, una historia de amor inconclusa que se llenó de desilusión, resentimiento y miedo. Ella huyó del Cusco y de su esposo porque ya no le encontraba un sentido arriesgar su vida por la militancia, pero conforme va avanzando la película vemos que hay más razones mucho más complejas que el simple hecho de salvar su propio pellejo. Ella le confiesa que abortó y él se molesta por qué no se lo consultó alegando que un niño le hubiera cambiado la vida, ante eso ella le responde algo así como “mi hijo hubiera hecho cola para verte en el penal o en el cementerio”. Durante la película hay varios choques entre los dos porque no piensan igual, porque son diferentes, lo que nos revela que la relación realmente nunca fue muy sana que digamos. 

En Netflix, la película Blue Jay de Alexandre Lehmann, protagonizado por Mark Duplass y Sarah Paulson, también sigue a una pareja que se reencuentra después de tiempo e incluso ella también se hizo un aborto porque eran demasiado jóvenes para tener un bebé. La reacción de él es diferente porque en su momento aceptó la decisión, pero siempre se quedó con la idea de lo que hubiera sido tener un bebé. Hay una cuota romántica en todas las conversaciones y la química de Duplass y Paulson produce ternura. De modo que quien ve la película realmente espera que ambos encuentren un modo de arreglar sus problemas y que el reencuentro inesperado se convierta en una reconciliación que los lleve a ser felices nuevamente, pero en el caso de "La última tarde", el amor que alguna vez sintió siempre estuvo en un segundo plano porque primero estaban ideas políticas de los dos.



No obstante, también es inevitable pensar; ¿una última conversación es todo lo que tienen que aspirar estas parejas? Pues, sí. A veces el amor, no es suficiente.  En las últimas escenas de "La última tarde", él casi la ahorca y la responsabiliza por la muerte de uno de sus amigos porque ella le contó a su padre lo que hacían y asume que su padre le contó a su tío que era policía y por eso llenaron de balas su casa matando a su camarada y ella acepta su culpa, pero aun así, los dos terminan en un cuarto de hotel consumando su relación no de una manera pasional, ni romántica, sino como consolándose de sus errores, de sus culpas, de sus sentimientos. Al final, el silencio entre los dos revela mucho más de las conversaciones que tuvieron, no hay duda que amos se amaron porque se aceptaron, con sus defectos y remordimientos, pero tampoco hay modo que merecían un final feliz con toda el peso emocional que cargan sobre sus hombros.

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