domingo, 30 de abril de 2017

#TheManInTheHightCastle: Surrealismo perverso

Las series distópicas se están poniendo de moda, pero ninguna llega al surrealismo perverso de The Man in The High Castle. La serie de Hulu que narra la realidad alternativa de lo que hubiera pasado si es que los Nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial estrenó su segunda temporada el año pasado y ha sido renovada para una tercera entrega gracias a su fascinante y terrorífica premisa. 


Nazis vs. Japoneses vs. La Resistencia

La primera temporada de The Man in The High Castle sirvió como una carta de presentación de un nuevo mundo y tuvo como el "McGuffin" (es un elemento de suspenso que hace que los personajes avancen en la trama, pero que no tiene mayor relevancia en la trama en sí) de la historia a las cintas del "Hombre del Castillo", cuya circulación estaba prohibida por las autoridades nazis y japonesas y que, por azares del destino, cae en las manos de Juliana Crane (Alexa Davalos). La segunda temporada se profundizó en el conflicto político entre los japoneses y los nazis y la Resistencia, tres tramas fuertes que se desarrollan en forma paralela para después cruzarse hacia el final. Juliana Crane se ve obligada a pedir refugio a los nazi tras verse perseguida por las autoridades japoneses y por la Resistencia luego de entregarle una de las cintas a Joe (Luke Kleintank). Crane se convierte en una suerte de doble agente, cooperando con los nazis y con una ala de la Resistencia, pero su agenda principal se va revelando luego que el propio Hombre del Castillo (Stephen Root), quien fue introducido en el primer episodio, le dijo que solo ella podía evitar una tercera guerra mundial/ataque nuclear y esto lo sabe gracias a las cintas que muestran realidades alternas. 


 Juliana descubre cosas de su pasado y de su familia y al mismo tiempo, se comienza a ganar la confianza de la familia de Smith. 

 Asumiendo que Juliana ha muerto y tras entregar la cinta a John Smith (Rufus Sewell), Joe viaja a Alemania para darle el encuentro a su padre y a la vez, buscando un nuevo propósito en la vida. El padre de Joe, Heusmann (Sebastian Roché), es un miembro de alto rango en el régimen nazi y es quien asume las riendas del imperio luego de la muerte del Reich. Una facción de los nazis acusó a los japoneses de haber envenenado a Hitler, esto a modo de excusa para iniciar una guerra y conquistar todo el mundo. El trama personal de Smith es guardar en secreto la enfermedad del menor de la familia quien al final inspirado por la hazaña de su padre - que detiene la guerra - decide entregarse a las autoridades para su eutanasia. 



 Tagomi (Cary-Hiroyuji Tagawa) comienza a tener visiones de lo que sería un mundo diferente donde los nazis perdieron. Luego del ataque de la Resistencia a la estación Kempeitai, Kido (Joel de la Fuente) está dispuesto a irse a la guerra hasta que Tagomi le hace ver la cinta que muestra las pruebas nucleares en Bikini Atoll. El propio Kido lleva a evidencia a Smith que revela una gran conspiración detrás de la muerte de Hitler que eventualmente llevaría a una Tercera Guerra Mundial.



 La segunda temporada de The Man in The High Castle ha pasado desapercibida, pero se trata de una joya surrealista que profundiza en la mitología de las cintas, en el cisma en el poder nazi y en el radicalismo de la Resistencia. Debido a particularidad de la serie, los protagonistas se deslizan en una zona gris moral que permite la empatía por momentos y el rechazo por otros. En la primera temporada, Smith era uno de los más temidos "villanos" y en la segunda, termina salvando el mundo y alterando sus propios principios para proteger el secreto de su hijo. El modo operandi del "El fin justifica los medios" de la Resistencia cruzó la línea cuando explotaron una bomba en la estación de Los Kempeitai. Este atentado suicida era el punto final en la vida de Frank Frink (Rupert Evans), el prometido de Juliana, quien tras el abandono de su futura mujer, se sumergió en la búsqueda de venganza contra los japoneses, quienes en la primera temporada mataron a su hermana y sus sobrinos. Pese a que este trama se cruzó con las demás historias, siempre se mantuvo independiente, puesto que la Resistencia es ese tercer actor entre dos potencias que causaba problemas pero no necesariamente podría ser considerada una gran amenaza.



En el último capítulo, los nazis arrestan a Heusmann y Joe, Smith asume un rol más importante en el partido nazi, aunque tiene dudas si es que es el líder indicado para guiar el imperio. Y entrando a un plano mucho más místico e inexplicable, la heroína de la serie, Juliana vuelve a encontrarse con el Hombre del Castillo y reencontrarse con su hermana quien se supone falleció en el primer episodio de la serie. ¿Qué pasó? Habrá que esperar la tercera temporada para averiguarlo.



 Juliana es la pieza clave del juego de domino que es el plot en The Man in The High . El hombre del Castillo le mostró una cinta donde ella mataba a George Dixon (Tate Donovan) y ella tenía que matarlo porque él iba a revelarle a la Resistencia la enfermedad de Thomas pero al hacerlo, no solo salva a Thomas, sino también a Smith quien es quien detiene al régimen de Heusmann que iba a bombardear San Francisco. De modo que Smith no hubiera podido salvar el mundo si no fuera por Juliana, así como Joe no hubiera terminado en Alemania si no fuera por Juliana, así como Frank no se hubiera unido a la Resistencia si no fuera por Juliana... En realidad, toda la serie son consecuencias de las acciones de Juliana. 



 La cinematografía de the Man in the High Castle 

 Una de los aspectos más fascinantes de The Man in the High Castle es su composición audiovisual que balanza el surrealismo de un mundo alternativo y que al mismo tiempo, evoca el aspecto vintange de los años 60's. Según reveló Gonzalo Amat, quien realiza la cinematografía de la serie, a Screen Prism, en las tomas en "The West Cost", donde se desarrolla el régimen japonés, se pueden ver colores más cálidos y más orgánicos y en "The East Cost" o el lado nazi, destaca el rojo ante la falta de colores logrando un aspecto parco y frío mientras que la zona neutral, que parece que se ha congelado en el tiempo tras la guerra, hay una especie de tono sombrío.





 En combinación, el lenguaje audiovisual de la serie transmite una sensación incomoda y estilizada como si todo fuera parte de una pesadilla pero al mismo se siente realista, aunque las cintas le dan a la historia ese aspecto fantasioso que necesita el espectador para tener cierta esperanza en plena distopia. De todas formas, ver una serie como The man in the high castle hace apreciar la democracia que tenemos aunque sea imperfecta.

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