“Tristes almas perdidas que no lograron ser artistas”.
Así llamó Taika Waititi a los críticos de su nueva película Klara and the Sun, después de que la crítica la destrozara.
Waititi dice que lleva casi quince años sin leer reseñas. Sin embargo, la imagen que compartió giraba en torno a la nota de la crítica. Y calificó así a sus críticos: “Irrelevantes. Desconectados. Obsoletos. A la basura”.
No es el único. Cuando un historiador señaló errores en Napoleón, Ridley Scott le respondió: “Consíguete una vida”. Alex Proyas llamó a los críticos de Dioses de Egipto “una manada de buitres enfermos”. Y el tráiler de Megalopolis, de Coppola, abría con una frase: “El verdadero genio a menudo es incomprendido”.
El argumento siempre es el mismo: la idea de que crear te coloca por encima de quien observa.
En el caso de Waititi, parece haber un momento exacto en el que comenzó su decadencia: Thor: Love and Thunder. Jane Foster enfrentaba una enfermedad cruel y la película la minimizaba con chistes. Los asgardianos aún intentan ajustarse a su nueva vida después de perder su planeta, y todo es un chiste. Unos niños son secuestrados, y también es un chiste.
Antes de Love and Thunder, las producciones de Waititi mezclaban el humor y el dolor sin que uno opacara al otro. Después, Waititi parecía liberado o, mejor dicho, descontrolado. Sus producciones ya no parecían conectar el humor con la humanidad que lo llevó al éxito.
Antes de Love and Thunder, las producciones de Waititi mezclaban el humor y el dolor sin que uno opacara al otro. Después, Waititi parecía liberado o, mejor dicho, descontrolado. Sus producciones ya no parecían conectar el humor con la humanidad que lo llevó al éxito.
Hoy, Waititi llama “desconectados” a los críticos. Pero quizá la palabra apunta hacia otro lado. Todo indica que, a cierta altura, el artista deja de escuchar. Y quien deja de escuchar también deja de mirar. Por eso su cine, ahora más grande, se siente más lejano: le habla a un público al que ya no ve. Es verdad, algunos críticos no lograron ser artistas. Pero un artista sin autocrítica pierde el camino de vuelta a lo que lo hizo cercano alguna vez.