domingo, 14 de julio de 2013

Adiós, Cory Monteith; más que un héroe sólo humano


La mañana llegó con la trágica noticia de la sorpresiva, aunque advertida, muerte de Cory Monteith, protagonista de Glee.  El popular “Finn” se definía así mismo como “alto, incomodo, canadiense, actor, baterista y persona” en su twitter pero también debió poner “adicto”, sobre todo eso, “adicto”. Hasta el momento se rumorea que (y más tarde se confirmará), que la causa de su fallecimiento fue una sobredosis.


Cory Monteith 1982-2013

Dicen que lo único seguro en la vida es la muerte, no podemos evitarla y nos agarra en el momento menos esperado. Algunos se van antes de tiempo, en un accidente, por una enfermedad y otros se suicidan, lo peor de esto, es que muchas veces es ante nuestros ojos. Cory Monteith se une a la larga lista de estrellas que se fugaron rápidamente por el alcohol y las drogas, aunque en este caso, habría que preguntarse qué fue de los artículos recientes que informaban que el actor estaba “mejor que nunca” tras haber superado su adicción. No estoy diciendo que la prensa sea culpable de la muerte anticipada de Monteith. Para nada, Monteith se mató solo, y la prensa fue un testigo silencioso de una muerte que se veía desde su salida de rehabilitación al que ingresó “voluntariamente” en abril. Tal vez la exposición y acoso de la prensa sea un factor más, pero la partida de Cory es producto de sus propios demonios. El punto es que esta historia devastará de manera distinta a sus fanáticos porque la prensa les había vendido la imagen de que estaba limpio y saludable, cuando él sabía que no era así, él sabía que un adicto no se cura nunca, todos lo sabían y lo peor es que lo dejaron matarse lentamente. 

De héroe a fantasma…

Cory Monteith fue encontrado en un hotel de Canadá, días antes de iniciar el rodaje de la quinta temporada se Glee. Precisamente, durante las grabaciones de la cuarta temporada que el actor volvió a recaer en sus adicciones, aunque nunca se especificó o se entró en detalles respecto a las mismas. Para muchos era muy obvio cuál fue el problema del actor, quien bajó de peso de manera dramática entre la tercera y la cuarta temporada. Él mismo dijo que estaba en una dieta pero era evidente que estaba lejos de ser saludable. Muy aparte quedan las noticias relacionadas con su novia Lea Michele, la prensa adoraba esta pareja y no podía zacear las ansias de acosarlos. Casi todas las revistas importantes de chisme  reportaban qué comían, a dónde asistían y si se tomaban de la mano. Sin mencionar a los que creían que el romance era armado. No obstante, ninguno pareció percatarse que el chico era casi un fantasma en su última aparición. Sólo los “sin confirmar” y esas páginas de chismes ocultos reportaban que Cory seguía bebiendo y saliendo como amigos, aun después de ese mes en rehabilitación, incluso junto Lea Michele. Mientras que sus agentes y los gleek llamaban a Cory, un “héroe” por superar sus adicciones, el hombre seguía con la vida loca. Pues, resulta que Cory no era un héroe, sólo un hombre talentoso, amado, genuino, un ídolo con muchas sombras y en un mundo tóxico que ultimadamente lo llevó a la muerte. 


Más que un héroe sólo era humano.

La muerte de Cory cambia todo y nada a la vez, la prensa seguirá vendiendo la imagen de un héroe que cayó en desgracia o escarbará en los caminos que lo llevaron a la muerte, lo que venda más, los productores de Glee colocaran en el primer episodio de la quinta temporada una dedicación “en memoria de Cory, extraordinario amigo” y hasta incluso tratarán de explicar por qué Finn no volverá a aparecer más, buscarán un modo de traer publicidad a una serie que se cae a pedazos desde hace tiempo, los agentes de Lea Michele, venderán la imagen de la devastada e inconsolable novia que asiste a un funeral en lugar de un matrimonio, etc…

Parece que no hemos aprendido nada de lo que dejan las tragedias de Heath Legder o Rodney Harvey,  y ahora Cory Monteith, la droga mata. Así de simple. Y si conoces a alguien que es un adicto no le creas cuando diga que “ya está bien”, que “ya se curó”, y por lo tanto, puede tomar o fumar, recuerda los adictos no se curan, no son de piedra y tienden a recaer, algunas veces con resultados como este.  Dentro de un tiempo, la historia de Cory se volverá a repetir cuando otro actor joven y talentoso muera producto de su propia adicción. Quizás esta vez, la prensa le saque sus trapitos sucios para que el mundo le grite “hey, eres un adicto, necesitas ayuda”, o sus agentes, en realidad, hagan algo al respecto en lugar de limpiarle la imagen a su gallinita de oro, si no volveremos a ser testigos de una muerte prematura y sin sentido. 


Descansa en paz, Cory Monteith. Ojala que tu muerte sea una llamada de atención para alguien. 


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