La temporada 4 de Ted Lasso se siente irregular. Los personajes de siempre terminaron convertidos en caricaturas de sí mismos, y no exploraron lo suficiente al la gente del nuevo equipo femenino. Pero hay algo que sí se mantiene firme:
Es una mirada que solo tienen algunas personas: Una mirada cálida, atenta, que te ve de verdad. Robin Williams la tenía. Y Ted también.
Ted es optimista, sí. Pero no es un optimismo ingenuo. Es un hombre que ha tenido ataques de ansiedad, que carga con una historia familiar difícil, que no siempre está bien. Y aun así aparece. Cada día. Para el vestuario, para Rebecca, para su hijo.
Eso es lo que lo hace especial. Su positividad no es la ausencia de dolor. Es una decisión. Ted elige ver lo mejor en los demás incluso en los días en que le cuesta verlo en sí mismo.
Y eso, de nuevo, evoca a Robin Williams. Alguien que nos enseñó que se puede mirar el mundo con ternura y humor sin fingir que no existen las sombras. Un hombre que hizo reir a millones mientras batallaba con sus propios demonios.
Tanto Ted como robin nos muestran que se puede ser luz sin ser perfecto. Pero la lección más importante de Ted Lasso es que también merece el apoyo y cuidado que le da a los demás.
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