Ultron volvió. Once años después de Avengers: Age of Ultron, James Spader regresa en VisionQuest, esta vez con rostro humano. Y en cuanto abre la boca, pasa algo curioso: no ves a Ultron. Ves a Red Reddington.
Pero si has visto The Blacklist, sabes que la cadena no termina ahí. Red te recuerda a Robert California, el CEO imposible de The Office. Y Robert California te recuerda a Alan Shore, el abogado de Boston Legal. Y Alan Shore te recuerda a todos los personajes de James Spader.
Y no se trata solo de cómo se ve. La mayoría de sus personajes son hombres de élite, manipuladores, brillantes y moralmente ambiguos. Personajes que, en teoría, no deberían caernos bien, pero que, en la práctica, nos provocan atracción y una extraña admiración.
¿Pero cómo lo logra? Primero, la voz. Grave, pausada, casi de terciopelo. Spader fue bendecido con esa voz, pero no se limita a usarla: la modula, la convierte en un arma. No dice sus diálogos: los saborea y los recita con un ritmo único que atrapa de inmediato al espectador.
Luego, ese histrionismo medido. Todo parece exagerado, pero nada se desborda. Fascinan por su encanto e inteligencia. Puede estar simplemente diciendo un monologo en un alegato final o tratando de explicarle a Jim una metafora que solo él puede comprender. O en el caso de Ultron puede hablar de extinguir a la humanidad como quien comenta el clima. Nada es casual.
James Spader tiene aura. Esa extraña audacia y misterio que lo rodea, muy pocos actores pueden replicarlo. Cuando está en pantalla, todo lo demás se vuelve fondo. Es hiponotico. Lo miras. Lo escuchas. Y esperas para ver qué hará después. Ese es el magnetismo de James Spader.